ABRIENDO LAS PUERTAS

  ABRIENDO LAS PUERTAS  

  Imagínate que estas en tu casa sentado en el sofá, viendo un programa poco interesante en la televisión. De repente alguien toca a la puerta. Te levantas y te diriges por el pasillo hasta la entrada, entonces miras por la rejilla de la puerta y le ves. Es él, aquel hombre del que muchos hablan. Sabes cómo fue su vida y lo que tuvo que pasar por ti, conoces sus promesas y sus historias, has escuchado de muchas personas que dicen que gracias a él ahora tienen una vida mucho mejor. Tus familiares y algunos amigos tuyos le conocen, pero tú aún no. Esta es la oportunidad de conocerle. Solamente tienes que abrir la puerta, algo tan sencillo como eso. Sin embargo no estas del todo decidido, piensas que quizás en otro momento. Te das la vuelta y regresas al sofá.

 Esto le sucede a muchos personas hoy en día, especialmente a los jóvenes. No es que no sepan quién es Jesús. No es que no vayan a la iglesia o que no participen de actividades cristianas. Es que no conocen personalmente a Jesús. ¿Por qué? Porque para conocerlo es necesario dejarle pasar, y si uno no le deja pasar y no tiene una relación personal e íntima con él, no importa cuantas cosas hagamos relacionadas con Dios, porque eso no hará que le conozcamos personalmente. Es imposible conocer a alguien basándose en lo que escuchas hablar a los demás acerca de esa persona. Cuando decimos que conocemos muy bien a alguien, no lo decimos porque sepamos su vida de memoria, sino porque hemos convivido con él el tiempo suficiente como para pasar muchas experiencias juntos y compartir pensamientos y sentimientos el uno con el otro. Lo mismo sucede con Dios. 

 Si queremos conocerle personalmente es necesario abrirle las puertas de nuestro corazón y relacionarnos con él. ¿Cómo podemos hacer eso? Sin duda la respuesta es orando; cuando uno ora está diciendo: "Señor, he escuchado que llamabas a la puerta y quiero dejarte pasar". Dios nunca nos forzará para que le dejemos pasar, espera pacientemente a que decidamos confiar en él. Cuando no oramos a Dios, nos aislamos y nos quedamos solos, dejamos de relacionarnos con él y de recibir su ayuda, no porque no nos la quiera dar, sino porque nosotros no la estamos aceptando. Lo primero que hacemos para conocer a una persona y que esa persona nos conozca es mantener una conversación. Dios espera a que nos presentemos delante de él tal como somos y le hablemos de las cosas que nos inquietan, de nuestros sentimientos, de lo que nos preocupa y nos agobia y de lo que nos hace estar mal.

  A veces tememos abrirnos a Dios, porque sabemos que estando él presente veremos aun más claramente cuanta suciedad hay en nosotros. Pero no importa como estén las cosas de sucias y desordenadas detrás de las puertas, porque Dios quiere pasar para poner solución a todo eso y así conseguir que podamos sentirnos mucho mejor. Si abrimos las puertas de nuestra vida a Dios, él entrara con las manos llenas de todo lo necesario para poner orden y limpiar toda la suciedad. 
 
  Quizás olvidamos que Dios es amor, porque si comprendiéramos realmente esa frase, no tendríamos nada que temer y seguramente estaríamos deseosos de recibirle. 
 

  Mientras no le dejemos pasar, no podremos conocerle y nos estaremos perdiendo montones de experiencias y sensaciones maravillosas. Si olvidásemos por un momento las cosas que nos impiden abrir nuestro corazón a Dios y le dejásemos pasar comprobaríamos que no hay mayor satisfacción en esta vida que convivir con él personalmente. Entonces entenderíamos que sin él no somos realmente nada, que el único valor que tenemos es el que él nos da porque nos ama infinitamente, a pesar de nosotros mismos y veríamos que junto a él todo es mucho más fácil de llevar.
 
 Cuando pienso en todos esos jóvenes y los que no son tan jóvenes, me entristece saber que aún habiendo escuchado hablar miles de veces de Jesús o aun habiendo participado de actividades y encuentros espirituales, mantienen cerrado su corazón a Dios y por tanto no le conocen personalmente. Yo tengo amigos que les sucede eso y deseo con todas mis fuerzas que llegue muy pronto el día en que abran las puertas y dejen pasar a Jesús, porque se que su vida ya no volverá a ser igual y que podrán sentirse realmente contentos.


  No nos conformemos con saber quién es Dios, 

relacionémonos con el personalmente cada día por medio de la oración. 

  El momento es ahora, no le dejemos más tiempo esperando,

  abrámosle las puertas!

 
  "Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, 

  entraré a él y cenaré con él y él conmigo".  


Apocalipsis 3:20
Violeta Campello


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Pero, ¿Cómo van a invocarlo, si no han creído en Él?

¿Cómo van a creer en Él, si no han oído hablar de Él?

¿Y cómo van a oír si no hay quién les anuncie el mensaje?

¿Y cómo van a anunciar el mensaje si no hay quién los envíe?

Q hermosa es la llegada de los que traen buenas noticias!"

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